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Estilos de apegos y la importancia de la mirada incondicional (Vol. I)

24 octubre, 2017

Cambridge Learning Journey, Educación e Innovación, Pedagogía

Hoy desde la perspectiva del aula abordamos los estilos de apego y la mirada incondicional ¡no te lo pierdas!

La pelota está siempre en el tejado del maestro

Una de las cosas que debemos tener presentes los profesores es que la pelota está sobre nuestro tejado siempre. Es decir, la responsabilidad del correcto rumbo de nuestros alumnos depende de nosotros como maestros. Tanto el niño que es hiperactivo, el que tiene dificultades para entender los conceptos como el que está más alterado porque acaba de tener una hermanita dependen de nosotros. No podemos dejarles la responsabilidad ni la iniciativa a ellos, es siempre nuestra. No son adultos, son niños, y como tal, dependientes, sin muchos recursos y vulnerables. Y en algunas ocasiones nos costará más de lo deseable, pero nunca podemos satisfacernos a nosotros mismos con un “ya lo he intentado suficientes veces”. Nunca es suficiente.

En ocasiones escuchamos a otros compañeros decir “es que estoy harto”. Los profesores somos seres humanos que a veces nos frustramos, nos entristecemos o nos sentimos superados por la situación. Pero esto no nos libera de la responsabilidad de estar ahí siempre. Es que nadie dijo que dedicarse a la Educación fuera fácil. De ahí que sea muy importante establecer y cuidar las relaciones de apego que los profesores establecen con sus alumnos. Para ellos somos modelos a seguir.

La mirada incondicional

La mirada incondicional es la manera que tenemos de mirar, atender y recibir a nuestros hijos o alumnos. Consiste en que les apoyemos siempre, que estemos ahí siempre. Como ya hemos comentado en otros artículos, se puede y se debe criticar las conductas disruptivas y negativas de nuestros alumnos, pero lo que no podemos hacer jamás es criticarles a ellos como personas: “Eres muy vago, siempre igual”, “Esto que has hecho es de mala persona”, “Eres muy egoísta”, etc. Son frases que les decimos frecuentemente que influyen muy negativamente sobre su autoestima y autoconcepto. El amor, el cariño y el respeto que les tenemos a nuestros alumnos son incondicionales, es decir, no depende de nada, incluso nada tiene que ver con su conducta. Yo no quiero a mi hijo en función de si se porta bien o mal o si saca sobresalientes o suspende cinco asignaturas. Le quiero incondicionalmente. No necesito nada a cambio. Esto es lo que tenemos que hacer con nuestros alumnos. No les vamos a querer o respetar en función de si cumplen con mis expectativas o no. Esto es un error y muy frecuente desgraciadamente: “Si cumples con mis expectativas (académicas, deportivas, de comportamiento, sociales, etc.) tienes todo mi cariño y si no, te retiro mi cariño o mi atención”. El amor no se retira por la conducta, es incondicional.

Estilos de apego

El primer autor que estudió la manera en que el niño y el cuidador principal, habitualmente los padres, interactúan y se relacionan fue John Bowlby. Es el padre de la teoría del apego. En mi opinión, es una teoría poco estudiada para lo fundamental que es. No podemos pretender que nuestros alumnos aprendan Matemáticas o Inglés si antes no hemos procurado establecer un vínculo seguro entre ellos y nosotros. Y, una vez más, el hecho de que se establezca una relación de apego seguro entre mi alumno y yo depende de mí, nunca de él. Es verdad que hay niños que, por sus características, facilitan o dificultan esta vinculación emocional, pero nunca se les puede señalar a ellos como culpables.

Numerosas investigaciones realizadas en orfanatos han puesto de manifiesto como los niños que se desarrollan en estos lugares tienen mayores dificultades para establecer relaciones de apego seguras, debido a las condiciones de los orfanatos comparándolos con una familia estándar, y desarrollan menos su corteza prefrontal, lugar donde gestionamos nuestros impulsos, emociones, pensamientos y toma de decisiones.

Un maestro puede y debe convertirse en figura de apego segura de sus alumnos. La mayoría de profesores que recordamos porque fueron realmente transformadores y motivadores significaron una figura de apego seguro para nosotros. Aun así, desgraciadamente, no todos los educadores cumplen esta función, sino que a veces representan figuras de apego inseguro. Según los estudios que llevó a cabo John Bowlby y los que llevó posteriormente su discípula Mary Ainsworth, existen cuatro estilos de apego: el apego seguro, el apego evitativo, el apego ansioso-ambivalente y el apego desorganizado.

Vamos a dejar un tiempo para dejaros reflexionar sobre cómo es vuestra relación con los alumnos y si os sentís identificados siendo una figura de apego segura de vuestros alumnos. La próxima semana entraremos a explicar más en profundidad estos cuatro tipos de apego.

¡Hasta la semana que viene!

 

Autor: Rafael Guerrero

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