Con el fin de ayudar a todos los profesores que en este momento tienen que impartir lección desde casa debido a la crisis del coronavirus, hemos creado una serie de entradas de blog con consejos sobre cómo pasar las clases presenciales a un formato virtual.

Para abrir boca, aquí tienes un mensaje en inglés de Eric Baber, director de Professional Learning and Development, en el que presenta esta serie de entradas de blog.

 

 

Pasar tus clases a un formato virtual: Por dónde empezar.

Verte obligado, sin previo aviso o con poco tiempo para prepararte, a impartir todas tus clases presenciales a través de internet puede resultar muy intimidatorio. A lo largo del último mes, o incluso desde antes, muchos profesores de diversas partes del mundo se han encontrado en esa situación. En esta entrada del blog examinaremos algunas medidas básicas que pueden hacerte más llevadera esa transición.

La apertura de canales de comunicación digitales.

Lo primero que debes hacer es pensar en la forma más eficiente de ponerte en contacto con tus alumnos. La enseñanza digital que mejor funciona es aquella que se basa en una comunicación clara y efectiva. Debes poder confiar en que tus mensajes estén llegando a tus alumnos, y tus alumnos deben saber que pueden ponerse en contacto contigo. La presencia del profesor es tan importante en línea como lo es en el aula física. De hecho, puede que incluso más. Has de poder dirigirte a los alumnos de cada una de tus clases como grupo, pero también de uno en uno.

¿Cuál es la mejor manera de comunicarme con mis alumnos?

Es importante recalcar que no hay una única respuesta a esta pregunta, ya que habrá que tener en cuenta tu contexto, a tus alumnos, y a ti mismo. Tendrás que escoger los canales que mejor se adapten a tus necesidades. Las siguientes preguntas te ayudarán a decidirte:

  • ¿Cuáles son los canales de comunicación que utilizas actualmente con tus alumnos?¿El correo electrónico?; ¿alguna plataforma digital, como por ejemplo, Google Classroom?; ¿algún servicio de mensajería instantánea, como por ejemplo WhatsApp?

Es buena idea empezar con lo que ya tienes e ir ampliando a partir de esa base. Necesitarás compartir horarios y tareas con tus alumnos, así como poder comprobar que realizan sus ejercicios. Ellos necesitarán compartir sus ejercicios contigo, y que respondas a sus dudas y preguntas. También tendrás que poder realizar un seguimiento a tus alumnos y asegurarte de que se ciñen a las tareas asignadas.

  • ¿Qué otras opciones hay?

Si vas a abrir nuevos canales de comunicación, o canales suplementarios, debes plantearte con qué estáis ya familiarizados tanto tú como tus alumnos. Como decía antes, siempre es más sencillo empezar por algo que nos resulta familiar. Utilizar un canal que los alumnos ya hayan utilizado entre ellos puede, asimismo, facilitar la transición. Si tuvieras alumnos de menos de 18 años, habrás de prestar especial atención a la privacidad. Siempre que te resulte posible, recurre a plataformas cerradas o al correo del centro educativo. Normalmente, será la mejor opción.

  • ¿Tengo que estar disponible las 24 horas del día, siete días a la semana?

No, en absoluto. Es bueno establecer un protocolo o unas pautas a seguir en lo que concierne a la comunicación fuera de las clases programadas. No es buena idea permanecer disponible a todas horas. No es justo para ti. Fija un «horario de oficina» durante el que podrás contestar de forma más o menos inmediata a cualquier mensaje (algunas horas al día si te resulta posible) y un plazo máximo para responder a mensajes que se envíen fuera de esas horas. Por ejemplo, dentro de un plazo de 24 horas de lunes a viernes, y de 48 o más durante el fin de semana. Tus alumnos lo comprenderán, y agradecerán estas indicaciones. De hecho, probablemente agradezcan también mantener cierto grado de normalidad, así que ceñirse a un horario docente normal probablemente sea lo mejor tanto para ti como para tus alumnos.

Artículo de Ceri Jones.

 

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Cuando yo estudiaba, no disfrutaba de la mayoría de mis clases. Gran parte de las veces no se debía al profesor o las materias que me enseñaban, sino a que a menudo no sentía afinidad alguna con mis compañeros.

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