La irrupción del coronavirus nos ha puesto ante una situación inédita en educación: el profesorado se ha tenido que alejar físicamente de los estudiantes. Este cambio nos ha dado la oportunidad de experimentar algo que se ha venido proponiendo como el modelo educativo del futuro, pero que nos estaba costando llevar a cabo: que los estudiantes sean los protagonistas de su propio aprendizaje. Veamos qué nos está susurrando el coronavirus al profesorado sobre esta cuestión.

Un incidente crítico: el caso del profesorado en la sombra

“¡Mamaaaaaá, el ordenador no funciona, no puedo escuchar a la profesora!”, “¡Papaaaá, no entiendo lo que tengo que hacer en este ejercicio!” ¿Les suena de algo? A comienzos de 2020 el coronavirus entró en nuestra vida, casi de la noche a la mañana. La llegada del confinamiento provocó el cierre de los centros educativos y la consiguiente búsqueda de soluciones alternativas para continuar con algo tan importante como la formación de nuestros niños y jóvenes. Todas estas nuevas medidas deberían pasar, inevitablemente, por un desplazamiento del foco de la enseñanza: del profesorado al alumnado. Por fin el alumnado ocuparía el centro de su aprendizaje y el profesorado comenzaría a modificar su papel al de un “asistente del aprendizaje”. Es curioso que haya tenido que ser una desgracia, como la aparición del virus, lo que nos haya puesto en el escenario soñado por pedagogos y pedagogas durante décadas. Pero: ¿qué pasó entonces? ¿se convirtió el alumnado en protagonista? ¿qué estamos aprendiendo de esta nueva situación?

El resultado del experimento

El efecto del cambio descrito en el párrafo anterior fue que los niños y niñas buscaron rápidamente ayuda en sus madres y padres. En las casas se establecieron turnos para explicar, resolver ejercicios, corregir, … En definitiva, las familias pasaron a ocuparse de las tareas que los maestros y maestras ya no podían abordar, por más que pusieran todo su empeño en ello. De una manera espontánea, los padres y madres se vieron obligados a ocupar el hueco dejado por el profesorado. En consecuencia, se ha reproducido el modelo anterior: los niños y niñas han seguido sin ser los protagonistas de su propio aprendizaje. La principal razón para esto es que nuestros pequeños no poseen la competencia para el trabajo autónomo y esto es clave en una enseñanza centrada en el alumnado. Pero: ¿cómo puede el alumnado adquirir esta competencia? ¿qué es lo que necesitaríamos para ayudarles verdaderamente?

La autoeficacia como herramienta para la autonomía

En un interesante entrada, en este mismo blog, Laura Sigsworth explicaba los beneficios de fomentar en el alumnado las competencias del aprendizaje autónomo. Sin duda, esta aproximación al proceso de enseñanza-aprendizaje es clave para alcanzar el objetivo señalado anteriormente de que el protagonismo se desvíe desde el profesorado al alumnado. ¿Pero dónde podrían estar las claves para conseguir este cambio?

La psicología de la educación ha generado evidencias suficientes en las últimas décadas que apuntan a la necesidad de que los profesores incorporen a sus objetivos, de forma explícita y consciente, algunos aspectos que tradicionalmente no se consideran en el aula, al menos con la intensidad y frecuencia que debieran. La razón es que, para que el aprendizaje de estrategias relacionadas con la autonomía sea efectivo, hay una serie de variables psicológicas que debemos, ineludiblemente, trabajar previamente con lo estudiantes.

Una de las más importantes es la auto-eficacia, término que Albert Bandura definió como la confianza de la persona en su propia capacidad para abordar una tarea. Hoy en día sabemos que: (1) la autoeficacia está estrechamente relacionada con el aprendizaje de los estudiantes. Es decir, cuanto más auto-eficaz sea un estudiante, mejor será su aprendizaje y (2) esta variable es un condicionante de la adquisición de estrategias de aprendizaje. Esto quiere decir que, si un estudiante tiene un bajo nivel de autoeficacia, la adquisición de estrategias de aprendizaje es más complicada. Como consecuencia, si el profesorado quiere trabajar de forma efectiva esta competencia para aprender a aprender con su alumnado, resulta imprescindible incorporar procedimientos que mejoren, simultáneamente, la autoeficacia de los estudiantes. De lo contrario, el esfuerzo podría ser baldío.

Cómo trabajar la auto-eficacia de los estudiantes en el aula de inglés

Numerosas investigaciones han demostrado que la auto-eficacia de los estudiantes se puede mejorar a través de un entrenamiento adecuado. Este entrenamiento, provocará un aumento en la sensación de control de los mismos sobre la tarea. Algunas pautas sencillas para aplicar en el aula serían las siguientes:

  1. Generar situaciones de aprendizaje satisfactorias proporcionando retroalimentación positiva y ánimo. En el aula de inglés se podrían plantear tareas para realizar individualmente y pedir a los estudiantes que evalúen el ejercicio del compañero, indicándole en qué aspectos puede mejorar, valorando sus aciertos y escribiendo en inglés un mensaje de ánimo.
  2. Implicar a los estudiantes en el diseño de la evaluación para que comprendan mejor los objetivos de aprendizaje. Se puede plantear una actividad en la que los propios estudiantes diseñen, junto al profesor, la rúbrica que se utilizará en la evaluación de una tarea. Esto orientará a los niños y niñas sobre qué es lo importante y les ayudará a interiorizar de forma natural lo que se espera de ellos en la tarea, incrementando las probabilidades de éxito.
  3. Utilizar listas de verificación en los ejercicios de escritura. Cuando se realiza un ejercicio de escritura en inglés, el profesorado puede suministrar al alumnado una lista de verificación para que el estudiante monitorice el texto que está escribiendo. Este tipo de estrategias orientan al estudiante para planificar y ejecutar la tarea de la forma esperada, aumentando su seguridad y la sensación de dominio de la misma, además de incorporar la autoevaluación al proceso de aprendizaje.

4. Utilización de correctores automáticos de la gramática y ortografía de un texto.

Existen correctores gratuitos online como, por ejemplo, Grammarly y Write & Improve que permiten al estudiante escribir un texto y solicitar una corrección automática del mismo. En esta corrección, el propio alumnado puede trabajar con sus errores y mejorar el texto sin la intervención del profesorado, facilitando su autonomía y sensación de control, lo que, a su vez, redundaría en un aumento de su auto-eficacia para la escritura en inglés.

En definitiva, lo que nos está sugiriendo el coronavirus es que hagamos un esfuerzo para dotar a los estudiantes de herramientas que les permitan trabajar de manera autónoma y sin tanta dependencia de nuestro papel como profesores y profesoras. Para ello, la mejora de los niveles en algunos constructos psicológicos del alumnado, como puede ser la auto-eficacia resulta clave.

 

Diego Ardura
Profesor de la Facultad de Educación
Universidad Nacional de Educación a Distancia

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