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Debatir en inglés: entrevista a Gemma Lligadas

12 septiembre, 2018

Educación e Innovación, Lengua inglesa, Recursos

¿Te gustaría plantear debates en clase de inglés? Hoy traemos una entrevista que resuelve tus dudas y te da las claves necesarias para enfrentarte a ello.

Cada vez más son los centros que cuentan con asignaturas bilingües en castellano e inglés, y aunque ya hemos visto en este blog cómo puedes mejorar tus conversaciones en inglés y también algunos ejercicios de oratoria para mejorar tu speaking, sabemos que hablar en público en otro idioma tiene sus retos. Desde luego así sucede con los debates, así que para aprender más sobre las diferencias que encontramos entre el castellano y el inglés, entrevistamos a una de las mejores oradoras de nuestro país.

Gemma Lligadas es profesora de diferentes asignaturas de Derecho en ESADE Business School desde hace 7 años. Tiene a sus espaldas varios campeonatos ganados y fue la primera mujer en recibir el premio al mejor orador del Torneo Pasarela de debate estatal. Este año comienza su programa de doctorado con una beca en la Universidad de Oxford. Una de las asignaturas que imparte, Legal Deliberative Skills, enseña, siguiendo el formato de debate de competición, a pensar, construir argumentos, debatir, refutar y hablar en público con coherencia y soltura.

Puedes seguir a Gemma en Twitter y aprender más de ella con esta entrevista. Coge papel y boli, o abre tu procesador de textos del ordenador y empecemos:

 

Cuando nos estamos manejando en inglés como segunda lengua, ¿qué cosas debemos tener en cuenta a la hora de hablar en público?

Sobre todo, el hecho de que las estructuras gramaticales son distintas. Por ejemplo, mientras que en castellano las yuxtaposiciones son frecuentes en los registros técnicos y literarios, en inglés son la excepción. Es más, cuando queremos comunicar en el ámbito profesional, en inglés se valora positivamente la eficiencia y la eficacia en el lenguage, muy por encima de la estética, que a menudo se identifica como un innecesario signo de vaguedad.

 

El modelo de debate británico o norteamericano, ¿varía mucho del nuestro?

Para contestar a esta pregunta probablemente es útil diferenciar las dos principales modalidades de debate que existen en el mundo anglosajón: Moot Courts y debate parlamentario. Los Moot Courts son simulaciones técnicas que se desarrollan en relación a campos de conocimiento técnico particulares (por ejemplo, el “Jessup International Law Moot Court Competition”) en los que los estudiantes simulan ser profesionales resolviendo un caso concreto. En esta disciplina, la valoración del contenido desde un punto de vista técnico y académico es especialmente exigente, llegando a incluir, en la mayoría de los casos, fases de selección escrita antes de poder llegar a las fases orales en la competición. Sin embargo, a medida que los Moot Courts sufrían esta evolución de carácter académico basada en la labor de investigación de los equipos, el debate parlamentario se ha escorado, paulatinamente, en la dirección contraria dentro del mundo anglosajón. Así, este segundo formato se ha especializado en valorar los recursos linguísticos y la amplitud de conocimientos generales más que un concienzudo trabajo de fondo. Por contra, en el mundo hispánico se ha mantenido una categoría intermedia conocida como “debate académico” o “debate universitario” en el que la forma y el fondo de las intervenciones se valoran, más o menos, al 50%. Frente a esta discplina, hasta ahora la más arraigada en el panorama de habla hispana, el formato de debate BP (sigla que corresponde a la denominación “British Parliament” con que se conoce aquí el debate parlamentario anglosajón) ha aterrizado con mucha más fuerza que el formato Moot Court, y prueba de ello es que ya contamos con numerosas competiciones BP locales, mientras que los Moot Courts siguen siendo competiciones con sede internacional en su mayoría.

 

¿Qué cosas debe tener en cuenta una persona que vaya a hablar en inglés delante de una audiencia?

Más allá de lo ya mencionado en cuanto al estilo gramatical, es importante entender que, sobre todo en la comunicación verbal, el interlocutor usa con frecuencia recursos de ámbito doméstico. Y los recursos domésticos que funcionan con una audiencia de habla hispana pueden ser totalmente diferentes de los que conectarán con una audiencia anglosajona. Incluso el mismo tipo de recurso pueden ser totalmente distinto en uno y otro entorno. Por ejemplo: el humor. El humor es uno de los recursos más efectivos para conectar con una audiencia, pero es evidente que el tipo de chascarrillo que encandilaría al auditorio en Sevilla puede resultar un estrepitoso fracaso en Edimburgo, no sólo por desconocimiento del referente cultural que se esté usando, sino también por la forma y el estilo que se use para presentarlo. Es esencial, por lo tanto, un buen conocimiento del entorno cultural en el que se va a comunicar, de los referentes culturales comunes en la audiencia ante la que habla y del estilo que les resultará familiar. Para el interlocutor esto implica, en ocasiones, no sólo alejarse de los recursos domésticos propios, sino incluso fusionar contenidos y formas de distintas procedencias en función de la composición social y/o profesional de su audiencia.

 

¿Cómo se puede preparar la gente mejor para hablar en público?

 En primer lugar, es importante recibir una formación general en comunicación. En mi opinión, debe tratarse de una formación integral, que combine la práctica con un estudio sistematizado de los recursos necesarios para comunicar, pero también para investigar, documentar y argumentar. Limitarse a lanzar a la gente delante de una audienza y esperar que se desarrollen de manera natural como comunicadores no funcionará con todo el mundo e incluso si lo hace, nunca funcionará tan bién como una formación completa en todos los campos relacionados con la comunicación.

En segundo lugar es importante que la formación que se reciba tenga una parte de trabajo individualizado, atendiendo a las características personales del alumno (o cliente) en concreto, aprovechando sus fortalezas y contrarrestando sus debilidades personales. Esta formación previa es la que nos aportará herramientas para afrontar cualquier situación en la que debamos intervenir como comunicadores, pero obviamente también debe realizarse un trabajo previo a dicha intervención para decidir el mejor modo de aplicar esas herramientas genéricas al caso concreto. Si la formación general en investigación, documentación, argumentación y retórica se ha realizado correctamente, el alumno debería ser autosuficiente para preparar por si solo las intervenciones que deba afrontar sin mayor guía que la de sus conocimientos.

 

¿Cuál es el principal miedo de tus estudiantes de ESADE antes de empezar las clases?

Se tiende a asumir que “comunicar bien” es más una cuestión de talento que de trabajo. Y esa es la fuente no sólo de la mayor parte de las inseguridades de mis alumnos, sino también de lo que yo llamo “falsas seguridades”. En ocasiones me encuentro con alumnos que, precisamente porque cuentan con un talento natural para ser locuaces, asumen su solvencia comunicativa y enraizan en esa asunción su seguridad personal como oradores. Sin embargo, todos podemos tener (y de hecho, seguro tendremos en algún momento) un mal día. Ese día en el que el tacón se te engancha con un cable y deshaces el microfonado del escenario, tropiezas con un escalón y acabas en el suelo, o sucede lo que nunca en tu locuaz experiencia había sucedido y te enganchas en la dicción de una palabra. Porque sí, todo puede fallar. Todo menos una cosa: un trabajo exhaustivo del tema del que vas a hablar. Si tu seguridad nace sencillamente del éxito obtenido en anteriores intervenciones públicas, ese mal día no sólo arruinará esa intervención en concreto, sino también tu seguridad para futuras intervenciones. En cambio, si tu seguridad nace del conocimiento en detalle del tema a tratar, siempre tendrás ese asidero al que agarrarte cuando todo lo demás falle, porque si ese día no estás inspirado y los chistes de tu apertura y demás fuegos artificales en tu discurso no funcionan, todavía sabes que tu aportación será relevante e interesante. Y eso es lo único que te puede tranquilizar de verdad. Porque ningún tropezón físico puede arruinar una intervención bien trabajada, pero un tropiezo intelectual puede dejarte en verdadera evidencia. Por eso el trabajo de la comunicación no puede realizarse sólo desde un punto de vista formal. El trabajo de los recursos formales (como el dominio del espacio, la gestión de los silencios, etc.) debe superponerse al estudio de los recursos de investigación y construcción argumental.

 

¿Qué competencias y habilidades aprenden?

En realidad esta pregunta la he contestado ya a medias en la anterior. Pero podría sintetizar y decir que se debe aprender, en primer lugar, a investigar (lo cual implica documentar y contrastar de la manera más amplia posible el tema a tratar, organizando la información desde las distintas ópticas aplicables al mismo) y a construir y analizar contenido (para lo que será necesario un estudio de las técnicas de argumentación y diseño de estrategia).

Una vez superados los estadios anteriores, se puede pasar a la fase de “ejecución”, en la que efectivamente se adquieren los recursos formales para comunicar y trasladar el contenido elaborado. Para ello es necesario aprender a dominar el espacio, a acompañar nuestra comunicación verbal de una comunicación no verbal que resulte inteligente y vaya acorde con la verbal, a interactuar con la audiencia dependiendo de sus características, etc.

Sin embargo, también durante la ejecución o comunicación del mensaje se sigue construyendo contenido y redefiniendo la estrategia de comunicación, en función de la recepción que nuestra audiencia nos muestre, o del contenido y estrategia del oponente si se trata, no de un discurso, sino de una discusión.

 

¿Qué valores fomenta el debate de competición?

Muchísimos, en lo profesional o académico, pero también en lo personal. Hay que tener en cuenta que el debate de competición genera una comunidad alrededor de una disciplina intelectual, y como tal, esa comunidad está marcada por la exigencia y la superación personal, el crecimiento como pensador y como comunicador, pero también como compañero. Y esto último se debe, no sólo al hecho de que es una competición por equipos, sino a que todas las personas que participan en esta actividad, sienten una afinidad natural entre ellas que nace de un común interés por la discusión y el conocimiento. Una comunidad cuya identidad se articula en torno a estos valores, es una comunidad que, en general, también está interesada en lo que sucede más allá de ella misma, en otras realidades que desea conocer. Por lo tanto, el debate de competición no sólo fomenta la búsqueda de la superación intelectual, la ambición y el esfuerzo personal y en equipo, también dota a sus participantes de una gran flexibilidad, una mayor tolerancia y un espíritu crítico e inconformista. En definitiva, se potencia el crecimiento personal dentro de una amplia noción de comunidad que, en mi opinión, comporta el reconocimiento e investigación de todo tipo de realidades.

 

¿Qué consejo darías a alguien que está empezando a interesarse por la oratoria?

 Supongo que la lista de consejos sería interminable, pero me quedo con dos. En primer lugar, que no tenga miedo a equivocarse en público. Todos nos equivocamos y, precisamente por eso, un error es una de las cosas con las que más se puede empatizar y conectar, siempre que esté bien tratado, con sinceridad y humiladad. Pero en segundo lugar, que no se conforme con sus errores. Una vez asumidos, deben ser un impulso para mejorar y un incentivo a ser más exigentes con nosotros mismos, sobre todo en lo referente al trabajo de fondo, que es la parte más difícil de adquirir, pero también la que reporta más beneficios y herramientas a la hora de comunicar.

 

¿Qué te ha parecido la entrevista? Cuéntanoslo en Twitter, Facebook o Instagram.

 

Autora: Paula González 

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