Marisa Moya, maestra, directora y psicóloga, nos trae la segunda parte de su artículo sobre la Disciplina Positiva, profundizando en los requisitos mínimos de la mentalidad, liderazgos y compromiso que involucra la misma.

Los requisitos mínimos de la mentalidad de la Disciplina Positiva

En el mundo del progreso no consentimos que un edificio de viviendas se construya poniendo en riesgo la seguridad de sus moradores. Variables que fomentan seguridad o trabas que la alejan:

👉 Los alumnos son seres sociales dependientes del trato que reciben fundamentalmente en vínculo afectivo y oportunidades de aprendizaje útil para la vida.

👉 Respeto a las diferencias, respeto mutuo. La firmeza es imprescindible para ejercitar la responsabilidad, con miedo y culpa se nutre la reactividad. La cordialidad debe imperar en las aulas.

👉 Mirada a largo plazo porque un ser humano necesita mucho tiempo para aprender a vivir ¡La humanización es proceso!

👉 Habilidades socio emocionales, seres integrales.

👉 Capacitación, desarrollo de habilidades ¡todas, no solo las de orden cognitivo!

La educación es intervención que activa los circuitos neuronales que favorecen la salud y el crecimiento. Aprender en las aulas desde la mirada de la Disciplina Positiva es una propuesta valiosa, útil, que da respuesta a muchas de estas incertidumbres que sentimos los maestros en la actualidad.

La Disciplina Positiva promueve liderazgos desde una visión compartida por toda la comunidad en la que se apoya y aliente el crecimiento y la superación humana desde límites y pautas claras de convivencia, con estrategias de comunicación basadas en el respeto y el afecto y que promueven la responsabilidad personal y el enfoque en soluciones como resolución constructiva en los conflictos.

 

Liderazgos en la Disciplina Positiva

👉 Espacios seguros. Aprendizaje compatible con el funcionamiento cerebral.

👉 Instrucciones claras. Pautas y límites, modelado de estrategias y recursos.

👉 Esperanzas y expectativas ¡Revisa tus creencias!

👉 Solución de problemas.

👉 Comunicación: escucha activa, pregunta queriendo saber y entender.

La Disciplina Positiva es una filosofía, principios, estrategias y un sinfín de recursos. Sin embargo, y aunque el listado de aportaciones que hace al ámbito docente podría parecer suficiente, el verdadero poder transformador de este programa no está en la acumulación de estrategias sino en que estas puedan mostrar su eficiencia a través de una interacción humana consciente y cuidada. 

Interacción cargada de sentido para la humanización de las aulas, la que genera escenarios que supongan un terreno poroso y permeable para llevar a cabo la tarea responsable y ética de los docentes como garantes de un contrato de acompañamiento integral establecido con el alumnado.

Alfred Adler creador de la Psicología Individual base y raíz de la Disciplina Positiva decía “La necesidad afectiva del niño se convierte entonces en la clave de la educación y de la cultura: el impulso del niño se debe satisfacer con provecho para la integración del niño en la sociedad humana”.

Educar y enseñar son un privilegio y también una grandísima responsabilidad. El compromiso obliga a no poner en riesgo la relación con la infancia. Solamente desde una formación consciente y cualificada podremos tomar decisiones libres porque podamos asumir la responsabilidad.

La Disciplina Positiva para las aulas se trata de enseñar a los docentes a educar mejor, con el fin de una intervención preventiva y no meramente correctiva. Cuando un centro apuesta por la Disciplina Positiva está invirtiendo en educación integral.

Cuando un centro escolar opta por la Disciplina Positiva está abordando un programa de comunidad educativa en la que el alumnado puede ver satisfechas sus necesidades.

 

Las pistas de la Disciplina Positiva, ¿cuál es el compromiso?

¿Somos de los que consideran que la misión son únicamente los objetivos académicos o podemos ser el profesional que asegura el vínculo afectivo y alienta la capacitación integral de los niños?

¿Qué pensamos sobre el error? ¿Consideramos que es valioso en el aprendizaje? ¿Los alumnos pueden aprender de él o se ven obligados a encubrirlo para no ser juzgados y avergonzados?

En las aulas, ¿cabe el poder infantil, pueden pensar, tener iniciativa, explorar decisiones? ¿Tienen tareas de importancia? ¿Se pueden sentir útiles, valiosos?

¿Necesitamos obediencia? ¿Precisamos que estén sentados y sin hablar? ¿Cómo se regula la convivencia? Las reglas, ¿están “labradas en piedra”? ¿Cuáles son los acuerdos en la comunidad? ¿Los alumnos ayudaron a crearlos? ¿Hay consenso? ¿Cómo perciben los alumnos el clima del aula? ¿Se pueden sentir parte contributiva o solo obedecer las normas que otros han elaborado?

Cuando los niños son informados, cuentan con datos, es más probable que se encuentren seguros, tranquilos, confiados: 

¿Las rutinas están claras y bien establecidas? ¿Los alumnos las entienden? Los niños sienten rebeldía cuando les dicen qué hacer, pero se muestran cooperativos y harán lo que necesitan si han sido involucrados respetuosamente en el proceso.

 

Lo que nos separa de una contribución apropiada en la interacción con el alumnado: Lo que llamamos “mal comportamiento”

El estrés forma parte de la vida, de él deviene el comportamiento, ignorarlo no ayuda, es el obstáculo en las relaciones.

¿Cómo me controlo a mí mismo cuando me siento estresado? ¿Qué hago cuando “me destapo emocionalmente”?

¿Hay recursos en el centro para identificar las emociones, para manejar el estrés? ¿Los niños conocen maneras de comunicar lo que sienten, lo que piensan, lo que necesitan? ¿Sin herir, sin lastimar?

La vivencia de la Disciplina Positiva en un centro escolar supone que el docente se permita a sí mismo:

Una revisión profunda de creencias y un cambio sistémico para crear potentes comunidades de aprendizaje en las que todos los alumnos puedan desarrollarse social, emocional y académicamente.

Aprender a educar desde el respeto mutuo, alejados de estilos autoritarios que solo se enfocan en resultados inmediatos obtenidos a través del control, el premio y el castigo, alejados también de estilos permisivos, que dejan al niño carente de un marco de normas claras y consistentes que le impedirán lograr el autocontrol emocional.

No es un cambio de un día para otro, sin embargo, es una renovación que ya es urgente por necesaria. La dificultad no debe ser un obstáculo insalvable. Permitamos que, entre la vida en los colegios, aprovechemos las oportunidades que nos ofrece para contribuir a un mundo mejor.

Se precisan atmósferas en las que se pueda aprender seguros y motivados, es posible cuando el profesional docente se permite mostrarse con su fortaleza, sabiduría y cordialidad, especialmente cuando los niños se comportan como lo que son, infancia.

He comprobado en mi vida que, sin menospreciar la dificultad, se anda mejor el camino aflorando lo menudo y frecuentemente vigoroso de las situaciones. Solo hay que aprovechar lo sencillo y vivirlo de manera, eso sí, intensamente extraordinaria.

¡Se precisan aulas humanizadas!

Si te perdiste la primera parte del artículo, puedes leerlo aquí.



Marisa Moya. Maestra especializada en Ciencias Humanas y Educación Infantil. Licenciada en Psicología por la Universidad de Madrid. Certificada como entrenadora de Disciplina Positiva por la Positive Discipline Association y certificada como Neuropsicoeducadora.
Dirige la Escuela Infantil Gran Vía, en Madrid. Escuela que fue la anfitriona de la Disciplina Positiva en España.

Disciplinapositiva.education/marisa-moya/

Instagram: @marisamoya

Twitter: @escuelagranvia

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