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Mitos comunes sobre el inglés: ¿cuál es el mejor acento?

20 agosto, 2020

Aprender inglés, Cultura y viajes, Curiosidades

Hoy comenzamos una nueva serie de artículos en los que nos plantearemos algunas de las preguntas más difíciles a las que nos enfrentamos los que estamos aprendiendo inglés. También incluiremos consejos para ayudar a los profesores a responder a estas preguntas. En el artículo de hoy vamos a revisar los mitos que rodean al acento británico.

El acento inglés

Para ser un país pequeño, el Reino Unido rebosa diversidad lingüística. Un claro ejemplo de esto es la amplia variedad de acentos que nos podemos encontrar si viajamos por las islas británicas. El Geordie (de Newcastle-upon-Tyne), el Scouse (de Liverpool) o el Cockney (de Londres) son algunos ejemplos de los diferentes acentos que conviven en el Reino Unido.

Si echamos un vistazo al resto del mundo, la cosa se complica más aún. Inglés americano, australiano… No existe un “único” inglés, hay muchas “versiones” diferentes del idioma por el mundo. Existen muchos acentos distintos y hay muchas probabilidades de que estos acentos nos lleguen (en películas, programas y series de televisión, medios de comunicación online…) Por eso, muchos de los que estudiamos inglés podemos sentir una cierta presión para pronunciar de una determinada manera. La pregunta es: ¿qué acento elegir?

 

Creencias y prejuicios sobre tener acento

La historia de la lengua inglesa está plagada de juicios de valor sobre lo que es el inglés “bueno” y el “malo”. El acento británico que tradicionalmente se ha considerado “estándar” es el llamado Received Pronunciation (RP). Esta pronunciación se asociaba con los más ricos y poderosos del país. Éste es un ejemplo del uso del lenguaje como herramienta para dividir a la sociedad en clases o, al menos, para diferenciar a aquellos que se consideran en la cúspide de la jerarquía social.

Por otro lado, también existen juicios y prejuicios modernos sobre los acentos. Una encuesta realizada a adultos británicos reveló que los de Liverpool y Birmingham se consideran “los menos atractivos”, mientras que el irlandés y el RP son los “más atractivos”. Además de esto, en la Universidad Metropolitana de Manchester se está llevando a cabo el Proyecto Accentism. Este proyecto ha recopilado muchos ejemplos de hablantes a los que aparentemente se ha discriminado por su acento. A menudo, la discriminación por el acento no tiene nada que ver con este y se basa en la clase social, la raza, el género y otros rasgos demográficos.

 

¿Es posible no tener acento?

También existe la creencia de que solo algunas personas tienen acento. Recientemente se incorporaron al Cambridge English Corpus cientos de grabaciones de hablantes de inglés británico manteniendo conversaciones informales. El 13% de los participantes declararon que no tenían ningún acento. Este fenómeno es bastante común, pero la realidad es que ¡todos tenemos acento!

Además, los hablantes nativos de inglés no son necesariamente los mayores expertos en acentos. De hecho, hay estudios que sugieren que normalmente a los estudiantes de inglés les resulta más difícil entender a los hablantes nativos…

Está claro que los hablantes de inglés tenemos diferentes opiniones acerca de lo que es un “buen” acento. La verdad es que nuestros puntos de vista suelen estar influenciados por otros factores que no están directamente relacionados con el lenguaje, como hemos comentado anteriormente. Además, si pensamos en el acento desde una perspectiva científica, simplemente estamos fijándonos en los sonidos de vocales y consonantes que los hablantes tenemos a nuestra disposición para producir un discurso hablado.

 

La pronunciación

Para la gran mayoría de palabras inglesas existe más de una forma de producir dicha palabra y aun así hacerse entender. Por ejemplo, podemos comparar cómo los hablantes británicos del norte y del sur pronuncian la vocal de palabras como bath, class o cast. Por tanto, los sonidos que utilizamos para comunicarnos son arbitrarios. No hay nada acerca de un acento que sea inherentemente mejor o peor en comparación con otro.

Por eso, no es importante que los que estudiamos inglés tengamos un acento concreto como objetivo. Tampoco tenemos que preocuparnos si nuestro propio acento suena diferente a lo que solemos ver en los medios de comunicación más importantes. En lugar de eso, podemos encontrar una motivación mucho mejor para aprender a hablar inglés en personas cercanas a nosotros que nos pueden servir de modelo. Tenemos cosas en común con estas personas, incluyendo nuestro acento. Este objetivo en nuestro aprendizaje puede ser más asequible que el de fijarnos en los hablantes de inglés que aparecen en los principales medios de comunicación.

 

Entonces, ¿qué acento es mejor?

La respuesta es que no existe el “mejor” acento inglés. Podemos tener opiniones distintas sobre nuestros acentos preferidos, pero no están basadas en hechos. Por ejemplo, las diferencias en los sonidos que se dan en diferentes variedades de la lengua inglesa son arbitrarias. Además, como ya hemos comentado los hablantes nativos no son siempre ejemplos fiables.

Es mejor preguntarse: ¿puedo comunicarme de forma efectiva en el acento que me sale de forma natural cuando hablo inglés? Si la respuesta es sí, ¡enhorabuena! Hemos alcanzado la competencia comunicativa. Lo más importante es precisamente que la comunicación sea efectiva, independientemente del acento que se tenga. Si tú y los que estén hablando contigo podéis entenderos, los sonidos que utilicéis para conseguir comunicaros no tienen tanta importancia.

 

Consejos para profesores

No os preocupéis por la variedad que utilicéis como ejemplo ni tengáis miedo de utilizar vuestro propio acento en clase. Simplemente tened en cuenta cómo es vuestro acento comparado con los ejemplos pedagógicos que podemos encontrar en diccionarios o libros de texto.

Enseñad a vuestros alumnos que existen diferentes acentos del inglés. Deben saber que ninguno es mejor que otro, y que todos tenemos un acento.  

Es buena idea exponer a vuestros alumnos a la diversidad que hemos comentado. Por ejemplo, podemos utilizar material real de diferentes hablantes con distintos acentos en ejercicios de listening (ya sea con audio o vídeo).

 

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